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Salud Mental y la Educación Popular en el actual contexto de pandemia

Por Belén Figueroa Cruz, Trabajadora Social, La Otra Educación.

En el día Mundial de la Salud Mental, este artículo busca exponer su situación en Chile y cómo la educación emocional y el autocuidado hacía los niños, niñas y adolescentes, son materia fundamental para el desarrollo de sus vidas, el cuidado de mentes y cuerpos, lo cual, la educación formal debe considerar al momento de enseñar, sin embargo, dado el escenario que comprenderemos más adelante, es necesario dialogar desde los territorios y la educación popular.

Para comenzar, entenderemos la salud mental como un estado de bienestar completo: físico, social y mental; no solo la ausencia de trastornos, sino que, también se considera la habilidad de reconocerse y validarse a sí mismo o misma (Sedesa, 2020).

Contextualizando, la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) en la declaración “Alma-Ata” en el año 1978, sostienen firmemente que la salud es el bienestar físico, psíquico y social de las personas, reconociendo desde entonces el trabajo interdisciplinar de las intervenciones en salud, esto quiere decir que, se considera la importancia del equipo médico hasta el equipo psicosocial para los procesos de rehabilitación e intervención social. Promoviendo desde entonces, la necesidad urgente de intervenciones que cuiden de nuestra integridad física, psicológica y social como un derecho humano fundamental en todo el mundo y de carácter obligatorio de todos los gobiernos, en donde la desigualdad existente (para entonces) era inaceptable, situación que perpetúa hasta nuestros días.

En la actualidad, el Ministerio de Salud nacional, abarca el área de salud mental, a través de el “Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría”, el cual propone objetivos desde el año 2017, hasta el año 2025, en donde desde su informe público, reconocen que las tasas de trastorno, depresión, abuso, dependencia de sustancias, licencias médicas y suicidios, siguen siendo altas, en donde es necesario actualizar políticas públicas coherentes y de calidad que funcionen desde los derechos humanos (Castillo, p.5, 2017).

Según en el informe mencionado, no existe una ley de salud mental que regule los procedimientos y se ha provocado una alza en la salud mental de recintos privados, por lo tanto, en los sectores vulnerados es donde se presenta una mayor desigualdad en la calidad de vida y un mayor índice de trastornos psicológicos; ya que, las personas no logran tener acceso a los tratamientos adecuados, atribuyendo esto, a la gran vulneración de derechos que experimenta el país de forma general, siendo uno de los países más desiguales a nivel mundial, en donde los niños y niñas de 4 a 11 años, para el año 2017, son quienes presentaron mayor prevalencia de trastorno mental por abusos y otros daños, el 69,1% de niños, niñas y adolescentes bajo el sistema de protección de derechos, presentó al menos un trastorno mental, mientras que, el 86,3% de adolescentes privados de libertad presentó algún trastorno mental (Castillo, 2017).

Dado los datos expuestos, se comprende que la situación del cuidado de la salud mental en Chile, desde la adultez a las niñeces, aún cuenta con una débil intervención, en donde el financiamiento a esta área corresponde al 2,4% del gasto total en salud, porcentaje menor a lo recomendado por la O.M.S., las comunidades de los sectores vulnerados por el sistema neoliberal subsidiario chileno, son quienes más se han visto afectados/as en cuanto al acceso de un tratamiento para cada trastorno asociado (Castillo, 2017).

Por otro lado, la pandemia por virus COVID-19, confinamiento, exceso de información, desempleo, entre otros factores que experimenta fuertemente la sociedad nacional y mundial desde el año 2019, ha provocado que la situación en los hogares agrave su nivel de violencia, abusos y desgaste emocional, desde los adultos, hasta los niños, niñas y adolescentes, en donde se vuelve más latente la importancia de poder acceder a la prevención, promoción y cuidado/tratamiento hacia la salud mental, como algo imprescindible de nuestras experiencias, a nivel social y estatal.

En el último informe en el área de salud mental “Orientaciones para el manejo del trastorno por estrés post traumático”, que fue publicado en el mes de octubre del año 2019; dentro de sus intervenciones, la farmacoterapia es la cual tiene mayor cobertura y profundización, indicando tipo de medicamentos e información de su uso, abarcando por otro lado, la psicoterapia desde una forma breve y superficial, en donde sí se menciona que se prevalezca la psicoterapia por sobre los medicamentos, sin embargo, como se mencionó, es un contenido breve, sin mayor profundización, siendo que, dentro de la propuesta de quien escribe, es la mayor herramienta que podemos otorgar como promoción, prevención y acompañamiento de trastornos, en donde aún no se publica algún informe con actualizaciones a la situación que se vive el presente año.

Es por esto que, desde el concepto liberador de educación popular de Paulo Freire, que lo entenderemos como una forma de organización de los sectores vulnerados por el Estado a través del diálogo, se pueden generar espacios para la sensibilización del área de salud mental hacia y desde las comunidades barriales, que se reconozca la importancia de la educación emocional y el autocuidado como promoción y prevención a trastornos, que se genere mayor formación de esta materia de forma garantizada, es por esto que desde los territorios debemos exigir una mayor atención hacia esta área desde el Estado para todos y todas; Chile debe actualizar los conocimientos en relación con los avances internacionales por la O.M.S.

Por lo anterior escrito, se hace un llamado a interiorizar sobre el autocuidado y educación emocional como prevención hacia trastornos que afecten la salud mental y una mayor promoción de la educación emocional respectivamente, en la educación oficial, como forma de ayudar a los niños, niñas y adolescentes en su presente y aportarles herramientas para desarrollar competencias emocionales que pueden servir hasta sus vidas adultas (Bisquerra, Pérez, 2012). Desde la educación popular, se pueden generar espacios colaborativos para el intercambio de actividades y conocimiento de cuidado personal y colectivo, invitamos a reflexionar más sobre cómo podemos aportar e influir en este aspecto que tan poco nos han dado a conocer, siempre reconociendo la responsabilidad estatal que deben tomar como “representantes” del pueblo. 

¿Qué es el autocuidado? Entenderemos el autocuidado como todas las acciones que tomamos para nuestro cuidado, desde la atención que le damos a nuestra higiene, a nuestra salud física, alimenticia y emocional. Sin embargo, es importante entender que también tiene un carácter colectivo, ya que se suele confundir con una actividad netamente personal, eso quiere decir que, el Estado, las Instituciones y las Organizaciones Sociales, también tienen un compromiso para cuidar y prevenir de nuestro cuidado (Arenas, Jasso, Campos, p.44, 2011). En la actualidad, existe el Protocolo de Riesgo Psicosocial impartido por el Ministerio de Salud desde el año 2013, el cual busca regular los riegos que puedan existir en las instituciones.

¿Qué es la educación emocional? La educación emocional, la entenderemos como un proceso continuo y permanente, que, a través de actividades y ejercicios apropiados, se aprende a desarrollar competencias emocionales, tales como reconocer las propias emociones y las de los demás, regular las emociones, respetar nuestras vivencias en los procesos, respetar a los otros/as y tener una mejor relación con nuestro entorno y nosotros mismos/as (Bisquerra, Pérez, 2012).

Una forma de volver a nuestra conexión emocional, es a través de nuestra capacidad natural de respirar lenta y profundamente, puede ser de dos a cinco minutos, lo que estime necesario, escuchar los sonidos que estén, ya que nos permiten reconocer aún más el momento presente que muchas veces olvidamos contemplar, cerrar los ojos nos puede ayudar a llevar la atención únicamente a las sensaciones auditivas y olfativas, ejercicio simple que se conoce actualmente en la Neurociencia occidental como Mindfulness, basado en las prácticas orientales Budistas.

Por todo lo anterior mencionado y para finalizar, es importante entonces, reconocer en primer momento, el cuidado que debemos otorgarnos, para entender el cuidado que debemos dar hacia otros/as y cómo otros/as deben cuidar de nosotros/as, desde lo cotidiano en nuestros barrios, hasta cualquier institución, organización y sobre todo el Estado, que debe resguardar la salud mental completa de los niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres del territorio chileno, en donde, dada la escasa intervención en la promoción y prevención en salud mental, será nuestra labor como sociedad, exigir los cuidados de nuestra mente, teniendo mayor cobertura, acceso y profundización de la salud mental pública y la educación emocional, como conceptos entrelazados y urgentes en nuestra sociedad.

Bibliografía

  • Arenas, L. Jasso, J. Campos, R. (2011). “Autocuidado: elementos para sus bases conceptuales”. 
  • Bisquerra, R. Y Pérez, N. (2012). “Educación emocional: estrategias para su puesta en práctica”, España.
  • Castillo, C. (2017). “Plan Nacional de Salud Mental” Ministerio de Salud, Santiago, Chile.
  • Ministerio de Salud (2013). “Protocolo de vigilancia de riesgos psicosociales en el trabajo”, Chile.
  • Ministerio de Salud (2019). “Orientación para el manejo del Trastorno por Estrés agudo”
  • Muñoz, D. Villa, E. (2017). “Paulo Freire en la educación popular latinoamericana: el porqué y el para qué de estarse formando como pueblo”, Universidad Católica de Oriente, Colombia.
  • SEDESA (2020). “Salud Mental”, Portal ciudadano del gobierno del distrito general, México.

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